Una zona inevitable, pero no un lugar para vivir
En el entrenamiento cardiovascular existen zonas de frecuencia cardíaca. Si alguna vez has entrenado con un monitor (reloj, banda,etc) que mide tu pulsaciones por minuto 🫀(ppm), sabes que cuando corres, o te ejercitas en general, el esfuerzo no es igual en todo momento. El cuerpo funciona por rangos.
Por ejemplo, en una persona con una frecuencia cardíaca máxima aproximada de 185 pulsaciones por minuto, las zonas podrían verse así:
- Zona 1 (50–60%) → 92–110 ppm
Recuperación. Esfuerzo mínimo. Una caminata o trote muy suave. - Zona 2 (60–70%) → 110–130 ppm
Un esfuerzo sostenible. Puedes mantener una conversación. Es la base aeróbica. - Zona 3 y 4 (70–90%) → 130–165 ppm
Intensidad elevada. Respiración más pesada. Conversación limitada. - Zona 5 (90–100%) → 165–185 ppm
Máximo esfuerzo. Sprint. Emergencia fisiológica. El cuerpo está operando cerca de su límite.
La zona 5 es poderosa.
Te hace rápido.
Te exige todo.
Pero no puedes permanecer ahí demasiado tiempo.
El cuerpo no está diseñado para vivir en máximo estrés constante.
Y lo interesante es que la mente tampoco.
Las zonas mentales
Escuché esta analogía en una entrevista de David Goggins.
No aparece en su libro You Can’t Hurt Me, sino en una conversación incluida en la versión de Audible.
Ahí explica algo sencillo y brutal:
Así como existen zonas físicas, existen zonas mentales.
- Hay situaciones que requieren máxima intensidad emocional.
- Hay conflictos que elevan tu “frecuencia mental”.
- Hay momentos donde todo se siente urgente.
Pero si tratas todo como zona 5… te quemas.
Su propuesta es clara:
- Lo que no puedes controlar → va a zona 1.
- Lo que sí puedes influir → lo trabajas con consciencia.
- Las emergencias reales → zona 5, pero solo temporalmente.
La clave no es evitar la zona 5.
Es no vivir ahí.
Cuando la vida se vuelve zona 5 permanente
Hay momentos en los que no estás entrenando en zona 5.
Estás viviendo ahí.
Cuando mi esposo (en 2021) y mi mamá (2022-2023) fueron diagnosticados con cáncer, sentía que vivíamos en un estado de emergencia constante.
Nos sentíamos en Zona 5 cuando:
- Esperábamos alguna llamada de los médicos.
- Llegaban los estudios que definían si el tratamiento estaba funcionando.
- Recibíamos la cuenta de cada visita al hospital y los gastos se acumulaban sin pausa.
- Los compromisos y entregables de trabajo no se detenían.
- No encontrábamos los medicamentos para controlar los malestares
Por algún tiempo me compré el papel de evitar que mi papá, mis hermanos y hasta mi mamá sufrieran más de lo necesario.
Yo ya había atravesado la enfermedad de Jorge. Pensé que eso me daba ventaja. Que podía administrar mejor el caos.
Pero lo que estaba haciendo, sin darme cuenta, era intentar controlar lo incontrolable. Cada cabeza es un mundo y cada quién debía encontrar la mejor manera de administrar su caos interno.
Y nadie puede sobrevivir a estar constantemente en zona 5.
El momento en que entendí que soltar no era rendirme
Las últimas horas de vida de mi mamá.
Cuando entró en agonía.
En ese momento entendí algo que no había querido aceptar:
Ya no importaba si administraba los medicamentos al pie de la letra.
Ya no importaba si yo dejaba de comer o de dormir.
Ya no importaba cuánto intentara organizar o anticipar.
Era cuestión de tiempo.
La muerte era inevitable.
Y por más que me doliera verla en ese estado, ya no estaba en mis manos decidir cuándo podría ella partir en paz.
Soltar no fue rendirme.
Fue aceptar la realidad.
Fue mover algo de zona 5 a zona 1.
No porque no doliera.
Sino porque no dependía de mí.
Lo que el cuerpo ya sabía
No conocía el concepto de zonas mentales cuando viví todo eso.
Pero el running ya me lo estaba enseñando.
Correr 12 o 14 millas en zona 2 me enseñó algo fundamental:
Si quieres sobrevivir y no lesionarte, necesitas moderación y consciencia.
En zona 2 puedes pensar.
Puedes sostener.
Puedes ordenar ideas.
En zona 5 solo sobrevives minutos.
Hubo días en los que corrí llorando 5 o 10 kilómetros.
Pero incluso ahí, algo se acomodaba.
El movimiento generaba espacio.
Era como organizar un garaje mental saturado.
Liderar sin controlar
En mi familia, sin ser el hermano mayor, terminé siendo un punto de estabilidad.
Siempre volteaban a consultarme porque creo que nunca tuve miedo de señalar el elefante blanco en la habitación.
Durante mucho tiempo creí que liderar era absorber el impacto.
La terapia me enseñó algo distinto:
A veces las personas solo quieren ser escuchadas.
No quieren que les resuelvas la vida.
Hoy practico escuchar.
Hacer preguntas.
Acompañar sin controlar.
Eso también es entrenamiento.
Reflexion de la AI
Le pedí a chatGPT que me ayudara con una reflexión o manifiesto de esto que acabas de leer y la verdad es que me gustó, así que te lo comparto
La vida no es un sprint perpetuo.
Es resistencia.
La zona 5 es inevitable.
Habrá enfermedad.
Habrá pérdidas.
Habrá caos.
Pero no es un lugar para vivir.
No todo merece mi máxima intensidad.
No todo depende de mí.
No todo es emergencia.
Mi trabajo no es controlar cada desenlace.
Es administrar mi energía con consciencia.
Es saber cuándo acelerar.
Es saber cuándo sostener.
Es saber cuándo soltar.
Porque nadie puede sobrevivir a estar constantemente en zona 5.
Y vivir con intención no es evitar el dolor.
Es aprender a atravesarlo sin quedarte ahí.
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